Honduras. La comida y la salud, una forma de marginación.

Honduras vive una situación de crisis ante la pandemia mundial del coronavirus. Desde la comunidad de Reitoca, nos comentan cómo se vive esta situación. En las últimas semanas, el Gobierno de Honduras ha enviado a las comunidades del país una bolsa de alimentos bajo un programa llamado “Honduras Solidaria” en el que cada gobierno local debe encargarse de la compra y distribución. Al respecto de esto, Magdaleno (líder del Consejo Indígena Lenca) nos comentaba que, “oficialmente, esta bolsa debería contener alimentos con el valor de 35 dólares, en realidad contienen un valor de 15 dólares” lo cual se considera un proceso poco transparente y se reparten cada 15 días, por lo que resulta escaso los alimentos que contiene para que una familia pueda alimentarse de manera adecuada.

 Magdaleno comenta que la entrega de estos alimentos es selectiva, y el criterio principal para la distribución es la pertenencia o expresión de simpatía hacia el Partido Liberal, que es el partido político al que pertenece el actual alcalde. “De las comidas que iba a dar el gobierno, hacen política, suben foto con las entregas de comida, son sopas instantáneas, una libra de manteca, arroz, que ya es donado, no comprado con el dinero que les dieron”. Con esta expresión nuestros acompañados/as explican el entramado que representa la corrupción en la administración de las ayudas estatales que son un derecho, no un bien comercial o una oportunidad de negocios, donde se condiciona el acceso y la calidad al que puede pagar por ellas.

En cuanto a la salud, Honduras tiene un sistema obsoleto y precario. En Reitoca nos dicen que este cuenta con pocos profesionales y escasos insumos. “En la comunidad, las enfermeras hacen su propio gel, están desabastecidas. El gobierno no tomó ninguna prevención, le convenía que el virus llegara a Honduras por los millones que iba a recibir. No hay nada en los hospitales”. De esta manera Gisela plantea cómo nuevamente la corrupción afecta el cumplimiento efectivo de derechos, en este caso, la salud.

Entonces, ¿Qué sucede con quienes no están en las listas de los partidos políticos o no están dispuestos a negociar su pertenencia política? Ante esta discriminación estatal impuesta para acceder a alimentos, la organización comunitaria buscó una salida: “Como consejo compramos frijoles y maíz para llevarle a los ancianos de las aldeas que son los más afectados. Lo hicimos dentro de Reitoca y en Aguas Calientes, porque son los que más son marginados desde el Estado, por estar en la lucha”. Como nos cuenta Gisela, la organización representa una posible salida a esta emergencia, pero, al mismo tiempo, también representa la estigmatización y exclusión de gozar de derechos.

Es compleja la situación para las comunidades del país, no sólo por las condiciones concretas de vida, como la pobreza estructural y los criterios cuestionables con que se aplican las medidas. Un factor que agrega complejidad, es el hecho de estar organizado o ser defensor de derechos. La comunidad de Reitoca cuenta con una historia de lucha, que en esta emergencia sanitaria también es motivo de marginación, y a su vez, una contención y respuesta ante la omisión estatal. Por esta doble cara de la organización hay que estar atentos a la violación de derechos humanos y dispuestos a observar y apoyar las acciones que restituyan la paz y fomenten los lazos de solidaridad en la comunidad.

Tegucigalpa, Evelina Vargas, a principios de mayo


Foto de portada: © PWS

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