Honduras. De Bertha a Keyla, la impunidad continúa vigente en Honduras

Hace cinco años, la sociedad fue sacudida con la noticia del asesinato de la más conocida lideresa indígena y popular de Honduras. A medianoche del día dos de marzo de 2016, los sicarios forzaron las puertas de su casa, ingresaron y dispararon a quemarropa. Primero al luchador social mexicano Gustavo Castro -quien sobrevivió y se convirtió en testigo clave del asesinato- y después a Berta quien falleció en sus brazos. Cómo en una novela de terror, los sicarios salieron de ahí tranquilamente, informaron por teléfono a sus contactos y partieron, cada quien a sus casas de habitación.

El impacto noticioso fue inmediato y global. Provocó el estupor en la comunidad de derechos humanos, el repudio de las redes de personas luchadoras sociales en defensa de la tierra y los bienes comunes que, al unísono, condenaron el vil asesinato. No en balde, Berta, con mucha seguridad, era la más conocida lideresa popular hondureña en el exterior. No solo se reunió con liderazgos populares de América Latina y el mundo, sino que compartió hasta con el Papa Francisco en una reunión que éste convocara con líderes y lideresas populares del continente americano.

Casi cinco años después de este brutal asesinato, de nuevo la conciencia de la sociedad hondureña ha sido sacudida por el homicidio de otra joven mujer. Keyla Martínez, una joven estudiante de enfermería de apenas 26 años, fue detenida por la Policía en La Esperanza -la ciudad de Berta- a medianoche del 6 de febrero y asesinada bajo custodia policial. El parte policial asegura que la encontraron con vida en su celda después de un intento de suicidio y la llevaron al hospital aún con vida. El parte hospitalario lo contradice afirmando que llegó sin vida al centro asistencial. La Fiscalía publicó parcialmente los resultados del examen forense, cuya principal conclusión es que Keyla murió por asfixia mecánica, es decir, fue asesinada.

A más de un mes del asesinato de Keyla y cinco años del de Berta, un patrón común surge de estos dos hechos brutales. Primero, son crímenes de odio, ejercidos desde el poder contra mujeres a quienes las consideran inferiores en su escala de valores distorsionados. Segundo, son mujeres que desde sus propias conciencias ejercían su derecho a la vida, a la libertad y a vivir libre de violencias. Tercero, el poder militar y policial se ensañó contra estas dos mujeres porque odiaban que ellas pudieran autodeterminarse como personas, como seres humanos y como mujeres, con plenos derechos. Cuarto, el patrón de impunidad que se va tejiendo desde el asesinato mismo. En el caso de Berta, publicando un posible conflicto sentimental. En el de Keyla, un suicidio.

Si bien con toda la presión pública internacional, en el caso de Berta, los autores materiales han sido enjuiciados y condenados, los autores intelectuales, incluido el enlace entre unos y otros permanecen en la impunidad. David Castillo, acusado de coordinar la ejecución de Berta desde su posición como gerente de la empresa DESA, aunque está en prisión en espera de juicio, es más que evidente la sucesión de recursos ejercidos desde la defensa para retardar el juicio y evadir la justicia. Los interminables recursos, pueden llevar a concluir el período en el cual, cualquier enjuiciado puede estar en prisión sin ser sentenciado. Esto lo ha denunciado el COPINH y el equipo legal de la familia de Berta.

El caso de Keyla abre nuevamente el debate sobre la brutalidad policial, el ejercicio de la violencia por quienes están mandados a “servir y proteger”[1] y sobre la impunidad que se promueve desde el poder contra la población en general y sobre las mujeres en particular. Se debe combatir la impunidad para no seguir enviando el mensaje equivocado a los criminales de que no serán castigados por sus delitos.

De Guido Eguigure, representante de Peace Watch Switzerland en Honduars y director del proyecto ACO-H. Tegucigalpa, 20 de marzo


  [1] “Servir y Proteger” es el slogan de la Policía Nacional de Honduras.

Foto de Portada: Altar en señal de protesta frente a la posta policial de la Esperanza donde Keyla fue arrestada. Fotografía publicada por Contracorriente-Red medio de comunicación online.

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