Detrás la imagen de una aparente democracia

El 29 de julio de 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) comenzó las primeras audiencias en Tegucigalpa en el marco de su visita oficial a Honduras. El objetivo de estas audiencias es conocer la situación actual y pasada del país con un enfoque particular, como su nombre lo indica, sobre los derechos humanos. El Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) ha estado activo durante más de 30 años defendiendo a personas cuyos derechos humanos han sido violados. El COFADEH se presentó con un grupo víctimas de los eventos que ocurrieron después del fraude electoral en diciembre de 2017.

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Testigos obstaculizados en la entrada

Nos hicimos presentes en las afueras del Hotel Marriott donde se realizaba la reunión, los testigos que acompañábamos fueron obstaculizados por tropas de la policía militar, la policía antimotines de la policía nacional y la guardia de honor presidencial en una barrera custodiada, que les impidió acceder al hotel donde se encontraban los miembros de la CIDH. La explicación oficial de esta presencia masiva de las fuerzas de seguridad fue la protección de una fiesta de promoción dada por un banco en la misma zona donde está el hotel. Argumentaron que no hubo reunión y que los comisionados de la CIDH no estaban en el hotel. Después de un rato, los representantes de la CIDH salieron a hablar con los militares, quienes acordaron dejarnos entrar. Una vez dentro, fuimos recibidos por los representantes de la CIDH quienes nos aseguraron su interés de escuchar los testimonios y así entender mejor la situación actual en Honduras. En la sala de conferencias, solo había 18 asientos disponibles para los testigos. El grupo de unas cincuenta personas se ubicó por toda la sala. Doña Berta Oliva, presidenta y fundadora del COFADEH, presentó a las diversas personas que testificarían. Dijo que el número de participantes no debería verse como una muestra de fuerza, sino como un reflejo, aunque parcial, del número y tipo de violaciones de derechos humanos que estos han sufrido en el período post-electoral.

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Doña Bertha Oliva frente a la CIDH

El grupo de víctimas estaba representado por familias de personas que habían sido asesinadas, heridos de bala, arrestados, encarcelados injustamente y golpeados por las fuerzas de seguridad. También periodistas que fueron golpeados o apuñalados mientras realizaban su trabajo (algunos estaban transmitiendo en vivo). El punto común de todas estas personas es que, a pesar de las denuncias que presentaron ante la policía y el tribunal, no obtuvieron ninguna respuesta. Además, muchos de ellos fueron hostigados por miembros de las fuerzas de seguridad o por personas que dicen ser “mensajeros” de ellos.

El primer grupo en expresarse fueron las familias de las personas asesinadas por las fuerzas de seguridad. Una de las mujeres que testificó y cuyo testimonio, creemos, refleja muy bien a los demás que hablaron, relató el asesinato de su esposo. Durante una manifestación contra la ilegal reelección del actual gobierno, los miembros de la policía militar comenzaron a disparar balas vivas a los manifestantes. Su esposo recibió una que cruzó su brazo izquierdo terminando en su tórax. Fue llevado lo más rápido posible al hospital por su esposa y su hermana que estaban a su lado. Tuvieron que pedirle a alguien del vecindario que les prestara su vehículo. Al llegar al hospital, los médicos se lo lo ingresaron a la sala de cirugía. Su esposa no pudo entrar. Sin embargo, los miembros del ejército si pudieron “acompañar” al herido hasta el quirófano. Al día siguiente le notificaron su deceso. Después, ella fue a presentar una denuncia, pero, hasta ahora, a pesar de la gran cantidad de testigos presentes durante los eventos y los videos que confirman lo ocurrido, no ha recibido ninguna notificación y nunca ha sido llamada a testificar. Además, por culpa de estos hechos, la familia tiene que mudarse de casa todos los meses debido a las “visitas” regulares de miembros de pandillas de su antiguo vecindario, “aconsejándole” que no continúe con sus solicitudes a la justicia. Los hijos también han sido amenazados. Por todos estos motivos, no ve más alternativa que abandonar el país que la ha visto crecer y que ella ama.

Los otros testimonios presentados fueron muy sólidos, pero para nosotros y para los miembros de la CIDH, los que conciernen a los niños y adolescentes son, de ser posible, incluso más impactantes. Entre ellos, el de una madre de un niño de 13 años. Una noche, al regresar de las compras con su padre, recibió dos disparos. Uno le dio un puñetazo en los pulmones y lo dejó muchos días entre la vida y la muerte en el hospital. Esta mujer nos contó sobre sus miedos y su sufrimiento durante este período y su indignación por ver a su hijo teniendo que llevar toda su vida huellas de este ataque. Y nuevamente, hasta el día de hoy, como se puede imaginar ahora, no se han tomado medidas legales.
Cuando nos fuimos, tuvo lugar en frente de la parrilla donde nos habían pegado en la entrada, una manifestación en apoyo de los cinco presos políticos que siguen retenidos y torturados en prisiones de alta seguridad. Edwin Robelo Espinal, Raúl Eduardo Álvarez, Gustavo Adolfo Cáceres, José Gabriel Godínez y Edy Gonzalo.

Texto y imagenes: Julien Christe y Christophe Egger – PWS Agosto 2018

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